Se proclaman “libertarios”. Y a cualquiera que ponga en duda su auténtico compromiso con la libertad enseguida le reprochan que vaya “repartiendo carnés de liberal”. Eso sí, al mismo tiempo no dudan en tachar de “socialista” a quienes no comparten sus puntos de vista. Pululan sobre todo en las redes sociales y son fáciles de detectar. Difunden a los cuatro vientos su admiración por personajes como Vladimir Putin y Marine Le Pen, cuando no por el padre o la sobrina de la política francesa.

Maarine Le Pen y Vladimir Putin / Foto: Kremlin.

Son “libertarios” de boquilla. Su defensa de la libertad se reduce a reclamar bajadas de impuestos, cuando ni tan siquiera pueden asegurar que los personajes a los que admiran defiendan una política fiscal menos opresiva que la de los socialdemócratas. Estos pseudo-libertarios son defensores de Estados regidos por gobiernos fuertes, aunque a veces incluso digan que son anarco-capitalistas. Quieren que el poder político cierre a cal y canto las fronteras o proscriba el islam en tierras de Occidente.

Buscan la identificación con los “paleolibertarios”, pero poco o nada tienen que ver con ellos más allá de unos mínimos rasgos aparentes. Mientras que estos últimos propugnan pequeñas comunidades basadas en la tradición sin coacción alguna, ellos quieren algo muy diferente. Desean Estados fuertes que defiendan lo que ellos entienden como su cultura. La única libertad que les interesa es que no se les cobre impuestos. En el resto de aspectos de la vida quieren que el poder impida a cada cual desenvolverse como desee.

Estos falsos libertarios están constantemente alertando sobre el “mundialismo” o el “globalismo”. Con estos términos no quieren decir otra cosa que la inexistente “conspiración sionista mundial” que tanto ha obsesionado durante décadas a nazis, neonazis y diversas familias de fascistas y reaccionarios. Algunos de vez en cuando se destapan en su antisemitismo cuando claman contra un supuesto “imperio judeo-yanqui”. Odian a los judíos, pero también a los musulmanes. El hecho de no compartir su islamofobia convierte a cualquiera en objeto de sus diatribas, aunque también se advierta contra el buenismo y quienes tratan de minimizar la amenaza yihadista.

No dudan en insultar a todo aquel que no comparta sus puntos de vista. Cualquiera que defienda los principios de un liberalismo clásico, o del anarco-capitalismo, es calificado por estos falsos libertarios como “liberal progre”, “mundialista”, “globalista”, “partidario del establishment” y cosas similares. Da igual que se sea crítico con, por ejemplo, Hillary Clinton o los eurócratas de Bruselas y Estrasburgo. Ellos te calificarán como “cómplice” de todos ellos.

Adoptan además buena parte del discurso del populismo tipo Podemos. Proclaman que el eje derecha-izquierda ya no existe, y que el único válido es el que separa a “los de arriba” de “los de abajo”. Claro que eso también es característico de la extrema derecha que va de cara y no oculta su auténtica naturaleza. Al mismo tiempo son profundamente nacionalistas, aunque puedan ser partidarios de una gran descentralización política dentro de lo que ellos identifican como “nación”. Algunos también llegan a defender a capa descubierta un racismo que pretenden que es científico.

Como otros enemigos de la libertad, estos personajes no dudan en provocar defendiendo lo indefendible. Buscan la reacción de quienes no comparten sus radicales puntos de vista, para acto seguido presentarse como víctimas defensoras de lo que llaman “incorrección política antisistema”. De esta manera, se presentan a sí mismos como unos supuestos “héroes incomprendidos”.

Los liberales solemos tener miedo a que nos acusen de ir “repartiendo carnés de pureza liberal”. En este caso hay que superar el temor y hablar claramente. Estos falsos libertarios no son otra cosa que un tipo más de neofascistas, una nueva variante de la extrema derecha. Son tan enemigos de la libertad como sus admirados Putin y Le Pen.

Publicado en el sitio web del Instituto Juan de Mariana.

Original: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/neofascistas-disfrazados-de-libertarios